SEMIÓTICA Y COSTUMBRES FUNERARIAS

 

 

 

Trabajo realizado en el marco de la investigación “COSTUMBRES Y RITUALES FUNERARIOS: LA CONSTRUCCIÓN SEMIÓTICA DE LA HISTORIA DE LAS COSTUMBRES FUNERARIAS”.

 

Autor: Víctor Laurencena

 

Fecha: Febrero de 2010

 

Índice temático:

 

1)                 Introducción

2)                 Definiciones

3)                 El signo y la función

4)                 La utilización de las distintas semióticas

5)                 Semiótica indicial

                        i) El Cuerpo como signo indicial

                        ii) El Rito social como signo indicial

                        iii) El rito privado como signo indicial

7)         Semiótica icónica

8)         Semiótica simbólica

9)         Estrategia de abordaje al corpus

 

 

1)                 INTRODUCCIÓN

           

            Tal como anuncia el título de este trabajo (“Semiótica y costumbres funerarias”), el objetivo del mismo es la aplicación de una metodología semiótica al universo de las prácticas que le dan significado a la muerte, es decir, las costumbres funerarias vigentes en una sociedad en algún momento, priorizando las que pertenecen a la sociedad argentina en este momento histórico.

            Como se puede leer en las notas sobre el primer encuentro del 31 de Agosto de 2009 (ver www.cementerios-investigación.com) la hipótesis general en la que se enmarca este proyecto de investigación es “la que sostiene que la Historia de la Humanidad tiene su correlato en la Historia de los Sistemas Semióticos: los rituales y las ceremonias conforman uno de esos sistemas”. De aquí se justifica la pertinencia de la semiótica para el entendimiento y mayor conocimiento de la dinámica de este aspecto de la cultura.

            La segunda hipótesis, que se desprende de la anteriormente mencionada, es que las costumbres funerarias (históricas y contingentes) son un sistema semiótico a partir del cual se le da sentido (histórico y contingente) al fenómeno de la muerte (no histórico ni contingente). En otras palabras, y profundizando aún más en la terminología semiótica, podemos decir que las costumbres funerarias son semiosis sustituyentes a partir de los cuáles se le da a la muerte el carácter de semiosis sustituida (con su correspondiente, simultánea e inseparable existencia ontológica).

            Como menciona Delci Torres en Los rituales funerarios como estrategias simbólicas que regulan las relaciones entre las personas y las culturas la muerte es un hecho que ha preocupado al ser humano desde el principio de la historia. Se podría aventurar que desde que un hombre se identificó con otro hombre y vio como esa otra persona moría[1], la muerte se convirtió en el mayor misterio para la humanidad. Un misterio que irremediablemente implica la existencia de la vida después de la muerte y la existencia de Dios. ¿Hay algo más allá de la muerte? ¿A dónde iremos después de morir? ¿Es nuestra existencia terrenal lo único que existe? El hombre está condenado a vivir sin saberlo con certeza, hecho por el cual se produce la angustia ante la muerte, tema que ha dado origen a miles de discusiones y trabajos.

            Sin embargo, la angustia ante la muerte genera recursos para su neutralización (con un mayor o menos grado de efectividad, pero siempre parcial), y uno de ellos son las costumbres funerarias (para su definición ver el punto 2 de este trabajo). Como se puede leer en el trabajo de Torres, la celebración de rituales funerarios es un recurso histórico fundamental para la aceptación y atenuación de la inquietud ante el acontecimiento de la muerte. En éstos, continúa Torres, “por el concurso de múltiples símbolos, se encuentran estrategias defensivas cuya función esencial es la preservación del equilibrio individual y social de los miembros de una colectividad”[2].

            La semiótica en cuanto “el estudio de toda clase de signos: básicamente, iconos, índices y símbolos, tendiente a producir la explicación de por qué, cómo y con qué eficacia se producen, circulan y se transforman las significaciones vigentes en un determinado ámbito social” (Magariños, La semiótica de los bordes), es la disciplina elegida como metodología de estudio para este trabajo.

           

2)                 DEFINICIONES

 

            Es de mayor importancia la definición de los distintos términos empleados y su clasificación y agrupamiento así como también la identificación de los comportamientos y objetos que se consideren pertinentes para este trabajo[3].

            Estas definiciones no pretenden ser estáticas, siendo totalmente modificables, según las exigencias de este trabajo o una mayor profundización en los conocimientos sobre el tema lo requieran. Para una mayor comprensión de los términos se aconseja la lectura completa del trabajo, siendo el fin de este apartado sólo dar una primera aproximación a las definiciones para facilitar el abordaje al texto.

            Para ello utilizaremos el ya conocido esquema expositivo del diccionario (término-definición) y, de ser posible, la definición ofrecida por el Diccionario de la Real Academia Española (caso de ser así se aclarará mediante las siglas RAE). En los otros casos, se elaborará una definición propia.

            Sin lugar a dudas, un mayor conocimiento de la gramática indicial y de las costumbres funerarias, provocará la necesidad de una mayor especificidad en la definición de los términos. A modo de ejemplo, hoy nos preguntamos en qué momento empieza el funeral y termina el velatorio, pregunta que no estamos en condiciones de responder con certeza.

 

 

Costumbre (RAE): Hábito, modo habitual de obrar o proceder establecido por tradición o por la repetición de los mismos actos y que puede llegar a adquirir fuerza de precepto.

 

Costumbre funeraria: aquel conjunto de semiosis sustituyente de carácter indicial (por la tanto incluye comportamientos y objetos); cuya semiosis sustituida es la Muerte en tanto fenómeno físico y/o espiritual pero definitivamente culturalizado. Todo lo anterior vigente en determinado tiempo de determinada sociedad y asequible por medio de distintas propuestas sígnicas.

 

Cadáver: Cuerpo menos Proceso.

 

Cuerpo: Cadáver más Proceso. Es un signo indicial en tanto objeto.

 

Funeral: rito en el cual se da lugar a un Proceso definitivo e indirecto (entierro, cremación, colocación en un panteón, etcétera).

 

Proceso: costumbre funeraria que se realiza sobre él Cadáver, dándole existencia en tanto Cuerpo. Ejemplos de distintos procesos son: el entierro, cremación, embalsamiento, momificación, reducción, preparaciones para los ritos, utilización para investigaciones, colocación en un ataúd o una pirámide egipcia o una iglesia o en fosas comunes, desaparición, colocación en un panteón, temporalmente expuesto en una ceremonia, y todas las combinaciones posibles.

            Los procesos se clasifican en temporarios (que permite o supone otros procesos) o definitivos (que no permite o no implica la realización de otros procesos) y en directo (proceso realizado sobre el Cadáver) o indirectos (proceso relacionado a la colocación del Cadáver o Cuerpo en una disposición determinada).

 

Rito: costumbres funerarias de carácter indicial, exclusivamente los comportamientos. Pueden ser de carácter social o privado.

 

Velatorio: rito en el cual se despide y se saluda a la persona fallecida, siempre contando con la presencia del Cuerpo (su origen etimológico hace referencia a su práctica nocturna, siendo en la actualidad una característica no excluyente). Es una ceremonia previa al funeral.

           

3)                 EL SIGNO Y LA FUNCIÓN

 

            Meramente a modo de introducción, comentamos que una herramienta que puede resultar útil es la de pensar el signo y su función. Dice Umberto Eco en La estructura ausente que los signos arquitectónicos tienen una función primaria (función denotada) y una función secundaria (función connotada), por ejemplo la función primaria de un trono es sentarse, pero la secundaria es hacerlo con cierta dignidad.

            También resulta interesante la relación que se da entre las funciones a lo largo de la historia y los cambios en la misma, por ejemplo, en el caso del trono la función secundaria desplaza a la primaria, y en pos de la dignidad (por lo que se utiliza un respaldo muy recto) se resta comodidad al asiento.

Un ensayo: el funeral denota una función y connota una ideología. El funeral denota el que los vivos se despidan de o rindan honores a la o las personas que fallecieron  (siendo que el muerto “ya se despidió”). Y connota una significación ideológica del hecho de morirse.

            Otro ensayo: el Cuerpo, en tanto objeto y  proceso, denota una función primaria relacionada a la salud pública y la higiene (la cuál prevalece en ciertas circunstancias, de ahí que existan las fosas comunes en tiempos de guerra o emergencias sanitarias) y una función secundaria que connota una significación de la muerte.

 

4)                 LA UTILIZACIÓN DE DISTINTAS SEMIÓTICAS

 

            Al igual que Magariños explica en su mensaje a Semioticians del 19 de febrero (con respecto al proyecto de la Universidad de la calle), en este caso también resulta una herramienta útil el tener en cuenta los otros tipos de semiosis, siempre teniendo en claro que el objetivo es abordar comportamientos y objetos, es decir, la semiótica indicial.

            Esto último no implica la no utilización de los otros dos tipos de semiosis vigentes. Como dice Magariños en La semiótica de los bordes (apartado 19.1.11) “cualquier clase de signo: icono, índice o símbolo puede permitir representar/ proyectar/ construir un referente de naturaleza icónica, indicial o simbólica”. Es decir que el análisis de íconos y símbolos, también resulta pertinentes en tanto representen/proyecten/reconstruyan comportamientos u objetos. Para mayor especificidad ver los apartados 5 y 6 de este trabajo.

 

5)                 SEMIÓTICA INDICIAL

 

            Un análisis semiótico de las costumbres funerarias implica, al menos, un abordaje desde la óptica de la Semiótica Indicial (“aquella semiótica en la cual los signos de la Semiosis Sustituyente son comportamientos u objetos”, La semiótica de los bordes). Las costumbres funerarias, en tanto construcción de significado alrededor del fenómeno natural y biológico de la muerte, implica ambos aspectos del signo indicial: el comportamiento y el objeto.

            El Comportamiento puede ser de carácter social (funerales, exposiciones públicas, ritos religiosos colectivos, etcétera) o individual (visita al cementerio, prácticas religiosas privadas, desprendimiento de objetos personales, duelo, recordatorio de aniversarios, entre otros), pero siempre de carácter normado y ontológico, por oposición a la experiencia ontopática (perteneciente a una semiosis privada). Es decir que los comportamientos se realizan con plena consciencia y libertad.

            Con respecto al Objeto me refiero particularmente al cuerpo del fallecido y aquella práctica que se realiza específicamente sobre él a lo que llamaremos Proceso. Es decir que el objeto se refiere al cuerpo una vez realizado el proceso correspondiente: sea el entierro, cremación, embalsamiento, momificación, reducción, preparaciones para los ritos, utilización para investigaciones, colocación en un ataúd o una pirámide egipcia o una iglesia o en fosas comunes, desaparición, colocación en un panteón, temporalmente expuesto en una ceremonia, y todas las combinaciones posibles.

            Por ejemplo, el cuerpo de Justo José de Urquiza se encuentra en un ataúd, en un mausoleo dentro de la basílica de Concepción del Uruguay para su exposición. Alrededor de este signo se colocaron muchos otros, todos existentes reales pero que pueden pertenecer a otro tipo de semiosis (placas, banderas, velas, cruces, flores, cuadros, etcétera).

            No se considerará como signo al cuerpo fallecido no procesado (Cadáver) siendo que este no contendría características culturales sino meramente un deceso físico y natural de iguales características en todas las sociedades.

            El cuerpo en tanto objeto, se opone al ser viviente, siendo el primero incapaz de decidir. El cuerpo es no consciente, manipulado como un objeto, no se le consulta qué hacer con él (salvo que con anterioridad, la persona antes de morir especifique el trato que deberá recibir su cuerpo, quedando fuera de su poder la efectiva realización de sus deseos).

 

i)                   EL CUERPO COMO SIGNO INDICIAL

 

            Se parte de la hipótesis que el Cuerpo es un signo o, mejor dicho, que en algunas circunstancias, puede ser considerado una semiosis sustituyente. Como tal, debe considerarse al cuerpo como algo (un objeto) colocado para ser interpretado. Siguiendo la definición de Peirce:

 

El CUERPO es algo (considerado como una representación),

que está en algún relación respecto de la MUERTE y de la PERSONA FALLECIDA,

para quien lo observa, es decir, el ASISTENTE.

 

Más específicamente,

 

(se requiere la previa aclaración que estos aspectos del CUERPO como signo, no pretenden ser absolutos y pueden variar. Son más bien aspectos predominantes del signo en determinado momento y lugar)

           

1)                 Un signo indicial es algo, un existente, sea un objeto o un comportamiento, en este caso el Cuerpo.

            La gramática del Cuerpo, recordemos: semiosis sustituyente, es todo aquel Proceso del que hay registro (el resto no interesan en este trabajo). Es decir, quedándonos meramente con el aspecto sintáctico (sin ninguna valoración semántica), son todas aquellas prácticas que se hicieron y se hacen con los Cadáveres, en cualquier parte del mundo, de las que quede algún registro (de carácter icónico, indicial o simbólico) que permita conocerlo y considerarlo una costumbre funeraria.

 

2)                 El existente se encuentra en una relación y se lo propone como una representación: el tipo de relación que establece con su Fundamento puede ser indicativa o designativa.

            La relación indicativa según Peirce es aquella que “tiene una Relación genuina con ese Objeto, con independencia del Interpretante” (se toma esta definición con cuidado, ya que sin Interpretante no habría jamás signo).

            Por otro lado, la relación designativa es independiente de la proximidad física que pueda existir entre el Representamen y su Fundamento.

 

Uno)    El Cuerpo considerado como un signo indicativo, es un síntoma de la Muerte. La relación entre el Representamen (el Cuerpo) y el Fundamento (la Muerte) es de simultaneidad y comienza en el mismo momento en que lo expone como objeto, siendo imposible establecer esa relación con anterioridad. Este párrafo merece dos aclaraciones:

 

a)                  Para considerar al Cuerpo como índice de Muerte ¿debe contar con el Proceso que se aclara en su definición? Sí. Si bien un Cadáver (Cuerpo menos Proceso) podría llegar a ser visto por un intérprete como un signo de Muerte, este signo no estaría relacionado con las costumbres funerarias vigentes de su Mundo Semiótico Posible, en adelante MSP y su variante en plural: MSPs. La construcción del significado de Muerte a partir del Cadáver estaría relacionado con todos los discursos (verbales, icónicos, indiciales) vigentes en determinada sociedad y no solamente aquellos de los que se ocupará este trabajo. No se niega el carácter significante del Cadáver pero sí se lo excluye de la pertinencia para este trabajo.

 

b)                 ¿Se puede considerar a una persona moribunda, cuya cercanía con la muerte es inevitable, como un signo de muerte? Sí, pero en ese caso se estaría tomando como signo a los Síntomas, algo pertinente a la semiología clínica o sintomatología, una rama diferente a la de este estudio.

 

Dos)    Pero también el Cuerpo puede ser considerado como un índice en relación de designación, en tanto existente representante de ese mismo existente, en otro MSP. En otras palabras, el Cuerpo se representa a sí mismo en otra situación contextual: estando vivo, siendo un hombre, un marido, un padre, un hermano, un artista y todas las situaciones contextuales que definen a una persona y que harán que cada persona lo vea como a alguien distinto o prioricen una faceta distinta de la persona fallecida.

 

3)                 Para alguien, el Interpretante:

 

            Al abordar este aspecto del signo indicial, hay que tener en cuenta que nos referimos a dos tipos de Interpretantes: el Interpretante productor y el Interpretante intérprete:

           

a)                  El primero de ellos es el Organizador, en tanto sujeto colectivo encargado de la colocación del Cuerpo o de los Asistentes en la disposición correspondiente a las costumbres funerarias vigentes en un determinado momento de una determinada sociedad (ver apartado sobre los MSPs).

            El Organizador parte de su propio MSP, en tanto conjunto, no contradictorio, de reglas sintácticas y semánticas (en su sentido amplio), semiosis sustituyentes (actualizaciones de esas reglas; en otras palabras: discursos) y semiosis sustituidas (referentes construidos a partir de esas actualizaciones).

            En esta interacción entre los tres aspectos del MSP encontramos una relación sígnica (¿podría serlo de otra forma?). El Representamen (semiosis sustituyente) se realiza a partir de las reglas sintácticas y semánticas vigentes (Interpretante) que es luego el sistema dónde esta propuesta perceptual cobra valor diferencial (en contraposición con otras propuestas) y se le atribuye un Fundamento (semiosis sustituida).

            El paso de la historia es el responsable de que cada Representamen tenga un efecto de duplicación, expansión o ruptura frente a esas reglas gramaticales y semánticas, lo que provoca la aceptación (con su consecuente continuación o cambio de las reglas ya existentes) o el rechazo de esa propuesta en el caso que el Representamen contraiga una ruptura.

            El Organizador puede adoptar distintas variantes y establecer una relación con el Rito y con el Cuerpo de diferentes características. Entendemos que no es lo mismo una empleada de una casa funeraria cuyo trabajo es maquillar y vestir al Cuerpo preparándolo para el Rito que el caso de una mujer que baña y viste a su marido antes de enterrarlo.

            En el primer caso hay una relación profesional y no sentimental (o al menos eso se esperaría) entre el Organizador y el Cuerpo cuyo valor significativo (al menos para la empleada) es meramente sintáctico y en respuesta a las reglas sintácticas vigentes, al menos, en esa casa funeraria en particular (podríamos arriesgar la hipótesis, que requeriría de su correspondiente comprobación, que, luego de años en el oficio, lo mismo sentiría al trabajar maquillando un cuerpo que limpiando un automóvil); mientras que el caso de la viuda contiene una carga emocional que responde a patrones dictados culturalmente (en este caso el asociar lo limpio con lo deseable, el asear con el afecto, entre otras posibles asociaciones).

            El párrafo anterior no quita que la empleada de la casa funeraria no tenga, en algún momento de su vida, que trabajar sobre su marido, momento en que esas acciones que hasta ese momento consideraba trabajo y por las que le pagaban, ahora cobren esa importancia semántica (emocional y significativa) anteriormente mencionada.

 

b)                 Ahora bien, cada signo, para poder ser tal, debe contar con un Interpretante intérprete (siendo imposible la definición del signo sin éste): el Asistente (ver apartado sobre los MSPs).

            Hay que tener en cuenta que la posible interpretación que se le al Cuerpo tiene su origen en dos pilares fundamentales:

            Por un lado, aquel que sigue el principio y acuerdo básico que dice que sin sintaxis no hay semántica, es decir que con lo único que cuenta el Interpretante productor para su apuesta perceptual (aclaramos, ideológica y con el objetivo que el Interpretante intérprete reproduzca determinada visión del mundo) es la entidad existencial que denominamos Cuerpo que se modifica y coloca en determinada disposición con otros existentes indiciales o icónicos o simbólicos. Por lo tanto, toda construcción de sentido que produzca el Interpretante intérprete es a partir de la propuesta que se le haya ofrecido a la percepción.

            Pero también, y he aquí la riqueza y equivocidad de la semiosis indicial (como también de la icónica y la simbólica), el Interpretante intérprete sólo puede recibir y significar una propuesta perceptual a partir de su MSP y el de su cultura. Todo aquello que el individuo ve, lee, vive, cree, interpreta, en otras palabras, la totalidad de los discursos con los que ese individuo entra en contacto y partir de los cuales elabora sus valores, sus ideas, sus costumbres, en definitiva, su cultura, modifican el modo en que esa persona experimenta y significa el mundo (nuevamente, a lo largo de la historia de una persona, su MSP se duplica, expande o rompe según qué semiosis sustituyentes vayan dándole entidad a qué semiosis sustituidas).     

            El Interpretante intérprete se ve circunscripto por la propuesta perceptual y por su ideología (en cuanto modo de ver el mundo). Es claro que una vez que el Interpretante productor elabora su discurso y lo propone queda fuera de sus manos el que sea interpretado como él quiso.

            De aquí se desprende el hecho de que ante Procesos realizados por Organizadores de otra cultura, de otro MSP, puedan parecer extraños, no deseados e incluso entocéntricamente ridículos u horrorosos.

 

ii)                 EL RITO SOCIAL COMO SIGNO INDICIAL

 

            Se parte de la hipótesis que el Rito es un signo o, mejor dicho, que en algunas circunstancias, puede ser considerado una semiosis sustituyente. Como tal, debe considerarse al Rito como algo (un comportamiento) destinado a ser practicado. Siguiendo la definición peirceana del signo:

 

El RITO es algo (considerado como una representación),

que está en algún relación respecto de la MUERTE y de la PERSONA FALLECIDA,

para quien lo observa, es decir, el ASISTENTE.

 

            (Sin por el momento proponer otro término, dada la actual falta de necesidad, aclaramos que hasta aquí tenemos dos distintos Asistentes, que pueden o no coincidir en una misma persona: el Asistente en tanto observador del Cuerpo y el Asistente en tanto participante del Rito).

 

1) Un signo indicial es algo, un existente, sea un objeto o un comportamiento en tanto representante, en este caso el Rito social, ¿cómo acotar aquello que se considera parte del Rito de aquello novedoso (que se propone como una ruptura de la gramática existente) o de aquello ajeno al Rito pero compartiendo una misma existencia en el espacio? O más fundamental aún, ¿en qué consiste la gramática de un Rito?

 

2)                 El Rito se desarrolla como un comportamiento destinado a la representación: ¿qué tipo de relación establece con su Fundamento? O más fundamental aún, ¿podemos decir que el Fundamento es la Muerte y la persona fallecida?

 

3) Para un interpretante,

 

            Antes de iniciar la explicación pertinente a este aspecto del signo, es necesario diferenciarlo de aquel Interpretante del Cuerpo, sea en cuanto productor como intérprete.

            El Interpretante productor del Cuerpo, cuenta, como materia prima para elaborar su propuesta, con el Cadáver (que no aporta capacidad para modificar la gramática, es decir, no es un agente activo en tanto transformador, si bien puede limitar las posibilidades de modificación; sino más bien materia a la que se transforma), el Proceso y su puesta en escena (lo que implica la relación espacial, o disposición, del Cuerpo con otras semiosis sustituyentes y con los Asistentes). Su objetivo es que los Asistentes observen al Cuerpo de determinada manera (dejando un mayor o menos margen de libertad) y construyan cierto Fundamento.

            En cambio, el productor del Rito social cuenta con objetos existentes (entre ellos el Cuerpo) y las acciones que realicen los Asistentes. Su objetivo es que los Asistentes observen, pero también actúen, el Rito de determinada manera (dejando un mayor o menos margen de libertad) para la elaboración de determinada, y no otra, semiosis sustituyentes.

            Al abordar este aspecto del signo indicial, hay que recordar que nos referimos a dos tipos de Interpretantes: el Interpretante productor y el Interpretante intérprete:

           

a)                  El primero de ellos es el Organizador, en tanto sujeto colectivo encargado de proponer el Rito y colocar a los Asistentes en la disposición correspondiente a las costumbres funerarias vigentes en un determinado momento de una determinada sociedad (ver apartado sobre los MSPs).

            El Organizador parte de su propio MSP, en tanto conjunto, no contradictorio, de reglas sintácticas y semánticas (en su sentido amplio), semiosis sustituyentes (actualizaciones de esas reglas; en otras palabras: discursos) y semiosis sustituidas (referentes construidos a partir de esas actualizaciones).

            En esta interacción entre los tres aspectos del MSP encontramos una relación sígnica (¿podría serlo de otra forma?). El Representamen (semiosis sustituyente) se realiza a partir de las reglas sintácticas y semánticas vigentes (Interpretante) que es luego el sistema dónde esta propuesta perceptual cobra valor diferencial (en contraposición con otras propuestas) y se le atribuye un Fundamento (semiosis sustituida).

            El paso de la historia es el responsable de que cada Representamen tenga un efecto de duplicación, expansión o ruptura frente a esas reglas gramaticales y semánticas, lo que provoca la aceptación (con su consecuente continuación o cambio de las reglas ya existentes) o el rechazo de esa propuesta en el caso que el Representamen contraiga una ruptura.

            El Organizador puede adoptar distintas variantes y establecer una relación con el Rito de diferentes características (ver al respecto, en este mismo trabajo, el interpretante productor en el apartado 5)i)).

           

b)                 Ahora bien, cada signo, para poder ser tal, debe contar con un Interpretante intérprete (siendo imposible la definición del signo sin éste): el Asistente (ver apartado sobre los MSPs).

            Hay que tener en cuenta que la posible interpretación y actuación que ocurre a partir del Rito tiene su origen en dos pilares fundamentales:

            Por un lado, aquel que sigue el principio y acuerdo básico que dice que sin sintaxis no hay semántica, es decir que con lo único que cuenta el Interpretante productor para su apuesta perceptual (aclaramos, ideológica y con el objetivo que el Interpretante intérprete reproduzca determinada visión del mundo) es la propuesta del Rito como comportamiento que se organiza según determinada disposición de signos icónicos, indiciales y simbólicos. Por lo tanto, toda construcción de sentido que produzca el Interpretante intérprete es a partir de los comportamientos que se hayan efectuado y de los íconos o índices de los que participe.

            Pero también, y he aquí la riqueza y equivocidad de la semiosis indicial (como también de la icónica y la simbólica), el Interpretante intérprete sólo puede participar en y significar un comportamiento a partir de su MSP y el de su cultura. Todo aquello que el individuo ve, lee, vive, cree, interpreta, en otras palabras, la totalidad de los discursos con los que ese individuo entra en contacto y partir de los cuales elabora sus valores, sus ideas, sus costumbres, en definitiva, su cultura, modifican el modo en que esa persona experimenta y significa el mundo (nuevamente, a lo largo de la historia de una persona, su MSP se duplica, expande o rompe según qué semiosis sustituyentes vayan dándole entidad a qué semiosis sustituidas).

            El Interpretante intérprete se ve circunscripto por el comportamiento que se le propuso y que observa y/o realiza y por su ideología (en cuanto modo de ver el mundo). Es claro que una vez que el Interpretante productor elabora su propuesta comportamental y se la ofrece a los asistentes queda fuera de sus manos el que sea interpretado y comportado como él quiso.

            De aquí se desprende el hecho de que ante ritos funerarios de otra cultura, de otro MSP, puedan parecer extraños, no deseados e incluso entocéntricamente ridículos u horrorosos. O, consecuencia más embarazosa, en caso de participar en un rito elaborado a partir de otro MSP hacer algo que resulte totalmente desubicado e incluso grosero.

 

ii)                 EL RITO PRIVADO COMO SIGNO INDICIAL

 

            Sobre este punto por el momento ofreceremos unos pocos párrafos de carácter introductorios cuyo objetivo es señalar pero no agotar[4] el estudio del Rito privado en su carácter de signo.

            Por lo tanto sólo nos limitaremos a señalar que, a diferencia del Rito social, el Rito privado está predominantemente destinado a ser practicado y no observado, en otras palabras, no es una puesta en escena para que sea visto y actuado, sino comportamiento cuya razón está relacionado a una conciencia e Interpretante individual.

            Otra diferencia a señalar es que el Interpretante productor y el Interpretante intérprete coinciden. El mismo que propone ese comportamiento, es quien lo actúa y le da contenido semántico, sin la intención, o sin tener el objetivo, de que otras personas participen también.

 

6)                 SEMIÓTICA ICÓNICA

 

            Sin lugar a dudas la semiótica icónica puede ser de gran utilidad para los objetivos de este trabajo, específicamente aquella mediante la cual se representan índices, y dentro de éstos, aquellos relacionados a las costumbres funerarias.

            Es decir que, por ejemplo, una pintura que represente un funeral o un dibujo que grafique cómo se hacían/hacen los embalsamamientos puede sernos útil para la reconstrucción de esas costumbres fúnebres, tal vez de otro modo inaccesibles o menos accesibles para nuestro conocimiento.

 

7)                 SEMIÓTICA SIMBÓLICA

 

            La semiótica simbólica, en especial aquella que constituye el lenguaje, resultará de gran utilidad, especialmente la recolección de testimonios mediante las entrevistas o las descripciones (orales u escritas) de las distintas costumbres fúnebres. Mediante la técnica del análisis del discurso[5] (obtenido de la desgrabación de entrevistas o de la crónica de un periódico) se puede acceder a las distintas costumbres funerarias, vigentes en determinada sociedad de determinado momento.

           

8)                 ESTRETEGIA DE ABORDAJE AL CORPUS

 

            Proponemos partir de las costumbres fúnebres más estereotipadas, conocidas, generalizas y normadas, siendo las de más fácil abordaje y análisis.

 

            Fuentes de donde se puede recolectar información sobre las distintas costumbres fúnebres (en tanto medio para construir el aspecto a estudiar -semiosis indicial- y no como un fin en sí mismo -metasemiótico-):

 

·                    La Biblia y otros textos religiosos:

 

            Se parte de la hipótesis de que las religiones han tenido un papel fundamental en la implementación de las costumbres funerarias, siendo las primeras las responsables de la elaboración de los discursos hegemónicos con respecto a la muerte.

           

Fuente: http://www.diocesisdecanarias.es/preguntarespuesta/biblia/021c4c97940a84c05.html

 

(el objetivo de darle lugar a esta fuente específica no es dar información completamente fidedigna sino mostrar la riqueza del tema a tratar)

 

RITOS FÚNEBRES EN LA BIBLIA


            En el Antiguo Testamento no distinguen entre lo que nosotros llamamos "cuerpo y alma". Para ellos, un viviente es un "alma viviente", un muerto es "alma muerta": Núm 6,6 Lev 21,11 Núm 19,13. La muerte no es un aniquilamiento: mientras subsiste el cuerpo, o por lo menos mientras duran las huesos, subsiste el alma, en un estado de debilidad extrema, como una sombra en la morada subterránea del sol: Job 26,5-6 Is 14,9-10 Ez 32,17-32.

            Por ello cuidaban mucho los cadáveres y le daban mucha importancia a la sepultura, pues creían que el alma sigue sintiendo lo que hace el cuerpo. Por eso, queda uno abandonado sin sepultura, como presa de las aves y de las bestias de los campos, era la peor de las maldiciones: 1 Rey 14,11 Jer 16,4 Jer 22,19 Ez 29,5. El cadáver y la tumba que lo encierra son considerados como impuros y vuelven impuros a los que lo tocan: Lev 21,1-4; 22,4 Núm 19,11-16 Ag 2,13 Ez 43,7.

            Entre los cuidados que daban a los cadáveres está el de cerrarle los ojos: Gén 46,6. Besar el cadáver: Gén 50,1. Se enterraban a los muertos vestidos: 1Sam 28,14. A los guerreros se les enterraba con sus armas, la espada bajo la cabeza y el escudo bajo el cuerpo: Ez 32,27.

            En Israel no se embalsamaban a los muertos. En la Biblia se nombran dos casos: el de Jacob y el de José Gén 50,2-3 pero que se ponen directamente en relación con las costumbres de Egipto.

            El cadáver no se ponía en una caja 2Rey13,21, excepto el caso de José en que se siguió la moda egipcia, Gén 50,26. El cadáver era llevado en una especie de camilla: 2 Sam 3,31 y Lc 7,14.

            No se sabe cuánto tiempo pasaba desde que uno se moría hasta el entierro. Probablemente el intervalo era muy corto. Seguramente se les enterraba el mismo día de fallecido.

            Los israelitas no practicaban nunca la incineración, para ellos quemar los cuerpos era un ultraje con el que se castigaba a los grandes culpables: Gén 38,24 Lev 20,14 21,9 o a los enemigos a quienes se quería aniquilar definitivamente: Am 2,1

            La tumba normalmente era excavada en la roca blanda o en una cueva natural. Eran tumbas colectivas donde se ponían varios cadáveres a la vez en una especie de banquetas. Al lado del difunto se dejaban algunos vasos o algunas lámparas. No todas las familias podían permitirse el lujo de poseer y cuidar semejantes tumbas. Los pobres eran sencillamente enterrados, y en Jerusalén, en el valle del Cedrón, había una “tumba de los hijos del pueblo”, una fosa común, donde se arrojaba a los apátridas y a los condenados: Jer 26,23 2Rey 23,6. Los ricos se preparaban con tiempo una sepultura digna de su rango: Is 22,16 Job 3,14.

            Excepto a los reyes de Judá no existen pruebas de que se enterrase a los muertos en el interior de las ciudades. Las tumbas estaban desparramadas por las pendientes vecinas o se reunían en lugares más favorables por la naturaleza del suelo. La tumba era propiedad de la familia. Quedar uno excluido de la tumba de la familia era castigo de Dios: 1Re 13,21-22.

            Tenían varios ritos:

ü     Al enterarse de la muerte el primer gesto era rasgarse las vestiduras: Gn 37,34 2Sam 1,11 3,31 13,31 Job 1,20. A esto seguía vestirse de saco: Gén 37,34 2 Sam 3,31. Se quitaba el calzado y también el turbante: 2Sam 15,30 Ez 24,17.23 Miq 1,8.

ü     Se ponían las manos en la cabeza como señal de dolor o de vergüenza: 2Sam 13,19 Jer 2,37.

ü     Se ponían tierra sobre la cabeza Jos 7,6 1 Sam 4,12 Se arrastraban la cabeza por el polvo o se arrastraban todo el cuerpo: Miq 1,10 Se afeitaban en todo o parte de los cabellos de la cabeza o de la barba: Job 1,20 Is 22,12 Jer 16,6 Ez 7,18. Se evitaba el lavarse y perfumarse: 2 Sam 12,20 Jdt 10,3.

 

·                    Películas: la representación de las ceremonias fúnebres en un medio que es utilizado para la publicidad y la sugerencia de modos de ser y vivir.

 

·                    Casas funerarias y cementerios privados: la serialización y despersonalización de las costumbres funerarias.

 

            Se parte de la hipótesis de que el tercerizar es un fenómeno que se ha dado, en las últimas décadas, en muchos aspectos de la vida cotidiana (tanto en las fiestas/reuniones con el catering o la organización, como en las cuestiones funerarias con las casas velatorias, siendo que antes los velatorios se realizaban en las casas particulares).

            La siguiente hipótesis es que desde el momento en que se profesionaliza la organización de un evento, se serializa/homogeiniza por una cuestión productiva y de costos. Es decir, hay una tendencia a la producción en serie de eventos por parte del Organizador (en este caso, un profesional) con el objetivo de repetir estructuras y bajar costos o, lo mismo en otras palabras, aumentar ganancias.

            Por lo tanto, resultará muy fructífera la realización de entrevistas a responsables de estas empresas así como también la visita a las instalaciones. Entre los posibles aspectos a indagar en una entrevista están: el averiguar qué aspectos del velatorio y/o funeral pueden ser cambiados según las preferencias de la familia del fallecido y cuáles no; si hay duraciones estipuladas para cada momento; qué criterios tuvieron en cuenta a la hora de organizar la "sintaxis" del evento; etcétera.

 

·                    Los honores militares.

 

·                    Medios de comunicación de masas (gráfica, radio, digital y televisión).

 

·                    Observación participante.

 

·                    Leyes relacionadas a las costumbres fúnebres.

 

·                    Turismo y cementerios.


 

[1] El origen de la muerte también tiene su explicación religiosa siendo, según puede leerse en la Biblia, Dios quien condenó al hombre a morir a causa del pecado cometido por Adán y Eva (Génesis 4.19. “Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!”).

[2] En el marco de este trabajo se toma como algo imposible el determinar si todo ritual fúnebre es de carácter defensivo, dejando abierta la posibilidad de que algún ritual, celebrado en alguna comunidad en algún momento histórico, haya tenido otro objetivo, siempre dentro del objetivo general de dar una significación determinada a la muerte.

[3] La fundamentación de este párrafo se considera por demás prescindible, siendo suficiente la mención de la polisemia intrínseca de la lengua. Para una mayor explicación sólo recomendaremos la lectura de La ética de la terminología de Charles Sanders Peirce.

[4] Aprovechamos esta desafortunada expresión para aclarar que no es el objetivo de la semiótica el agotar las temáticas que trata, lo que implicaría el fin de la historia de la disciplina llegando a un punto en donde no habría nada más que decir al respecto. Sobre los párrafos de este apartado, entonces, preferimos decir que nos disculpamos por el poco desarrollo que ofrecen esperando poder trabajarlo más adelante.

[5] Recomendamos la lectura de Manual operativo para la elaboración de "definiciones contextuales" y “redes contrastantes" de Magariños y de Las cosas del decir de Helena Calsamiglia Blancafort y Amparo Tusón Vals.